Chile enfrenta un panorama económico complejo tras el anuncio de alzas en las cuentas de electricidad y el precio de los combustibles.
Según lo informado por la Comisión Nacional de Energía, las tarifas eléctricas experimentarán un incremento promedio de $1.500 mensuales a partir de julio. Este ajuste responde principalmente a la necesidad de saldar la deuda acumulada con las empresas generadoras, la cual se mantuvo congelada desde el estallido social de 2019.
En paralelo, el sector de los combustibles proyecta nuevas presiones inflacionarias. Tras el reciente "bencinazo", se advierte que el precio de las gasolinas continuará al alza, mientras que el diésel podría subir aproximadamente $63 por litro. Este incremento está impulsado por la volatilidad del precio internacional del petróleo y la debilidad del peso chileno frente al dólar, factores que impactan directamente en el costo de importación.
Este escenario de "alzas combinadas" preocupa a los hogares, ya que el aumento en la energía eléctrica golpea directamente el presupuesto familiar básico. Por otro lado, el aumento del diésel suele trasladarse a los costos de transporte de carga y pasajeros, lo que genera un efecto dominó que podría elevar los precios de productos de primera necesidad y alimentos en el corto plazo.